### Miércoles 19 de noviembre de 1969

*El calor es agobiante dentro del aula. Una mosca revolotea, perezosa, cerca del cielorraso, donde un anticuado ventilador de techo gira con parsimonia. Hay una radio de válvulas —casi tan antigua como la escuela misma— ubicada contra el pizarrón. Han dispuesto los pupitres enfrentados *vis-à-vis* de modo tal que forman grupos de dos alumnos. La consigna del día es escribir un informe sobre las noticias de la misión Apolo XII, que se van desarrollando en vivo boletín a boletín.*

*Toda la atención de los chicos está puesta en la radio y en los recortes periodísticos asignados a cada grupo. Excepto dos —de quienes adivinarán sus nombres quienes me leen. Ellos *están en la Luna*. Una muy dulce, por cierto.*

*Llevan ambos pantaloncillos cortos y sandalias sin medias. La pierna de Andrés roza la de Miguel. Otros chicos las hubieran separado de inmediato, tanto por el contacto en sí como por el calor. Ellos no: las dejan allí, gustosos. Las acercan más, apretándolas en una fricción que los electriza. De a ratos se miran furtivamente a los ojos, y en ellos se pierden mutuamente, como dos laberintos entrelazados por etéreos senderos.*

*Bajo las hojas de sus respectivos informes hay unos trocitos de papel que contienen un mensaje en código. El de Andrés consiste en un corazón seguido de un nueve; el de Miguel, un diamante con un ocho.*

*La cifra es sencilla pero arcana a los ojos ajenos. Usan los palos de la baraja francesa para expresar sus emociones. Los corazones representan los deseos de besarse, mientras que los diamantes simbolizan abrazos. Los tréboles y las espadas son símbolos de relleno, sin ningún significado; los colocan de tanto en tanto para ocultar cualquier posible sospecha acerca del tenor de sus mensajes.*

*Las piernas de ambos están ya fundidas entre sí. Bajo los pupitres, ahora, sus manos se buscan y se encuentran. El peligro los seduce y enardece. Sienten la adrenalina, el calor, el sudor, las pulsaciones desbocadas, la falta de aire, el color en sus mejillas, la belleza de sus ojos que no desean separarse. Están profundamente enamorados; lo saben y saborean esa secreta complicidad.*

*De la radio brota un comunicado cacofónico. La humanidad lo ha logrado nuevamente. La Luna queda doblemente conquistada. El aula prorrumpe en aplausos, silbidos, golpes sobre los pupitres. Despertando de su trance, ambos se unen al jolgorio.*