El hombre invisible - H.G. Wells

Hace un poco más de ciento veinte años H.G. Wells se ampara en el mito de Prometeo, es decir robar el fuego de los dios para dárselo a los seres terrenales. En El hombre invisible la cienca logra aquello descrito en libros de magia y misticismo, la invisibilidad. Entonces la humanidad se enfrenta a la realidad, qué hacer cuándo a través del conocimiento se logra tal objetivo. A diferencia que lo bien que lo realiza Harry Potter, en este caso es, esperablemente, una catástrofe, primero a individual ya que el hombre sufre todas las peripecias imaginable, incluso desde el momento en que la invisibilidad es sólo una potencialidad. Desde ese momento se envenena de poder y soberbia, floreciendo su peor versión.

Se explora también lo que la sociedad haría ante tal situación, aquí H.G. Wells fue un inocente optimista, un soñador, a lo largo de la novela representa a la sociedad con un comportamiento (que salvo con alguno matices) crítico, racional, que evita contagiarse de la locura del hombre invisible y de lo que él representa.

Él, que ya no tiene ningún referente ni limites, y perder sus ropas evidente que también la alteridad, transformándose en un ser intrínsecamente maligno.

Es una extraña alegoria para mostrar la relevancia de no tocar ciertos límites y que de hacerlo, solo el resto, los otros pueden contener esta reacción negativa. Situación que en estas fechas se percibe distante pero deseable.

Es una lectura dinámica, sin pretensiones grandilocuentes, por lo que fluye entre las manos con naturalidad, y por supuesto se requieren ciertas concesiones, pero honestamente, se creería que su edad centenaria la haría sentirse vetusta o absurda, y por el contrario es bastante universal.

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